A veces, las experiencias que menos esperas son las que terminan dejando una huella más profunda.

Mi voluntariado en Honduras ha sido una experiencia que me ha marcado profundamente, tanto a nivel personal como profesional. He vivido momentos de muchísima alegría, cariño y conexión, pero también situaciones que me han hecho salir de mi zona de confort, enfrentarme a emociones nuevas y aprender de una realidad diferente a la que conocía.

Durante estas semanas he descubierto que muchas veces son los pequeños momentos los que terminan significándolo todo: jugar juntas, estudiar, compartir una comida, hablar de cualquier cosa, reírnos, acompañarnos en el día a día o simplemente estar. Cada conversación, cada abrazo, cada detalle y cada sonrisa han ido construyendo recuerdos que sé que voy a guardar conmigo durante mucho tiempo.

Como estudiante de Psicología, esta experiencia también me ha permitido acercarme a las personas desde un lugar mucho más humano. He aprendido que no siempre hace falta hacer algo extraordinario para ayudar; a veces escuchar, acompañar, prestar atención o hacer sentir a alguien querido puede tener un valor enorme.

Volver a casa me ha hecho darme cuenta de todo el amor que he recibido durante estas semanas. Me llevo una parte de cada una de ellas conmigo, y solo espero haber podido dejar también algo de mí en ellas. Ojalá haya conseguido dejar en cada una, aunque sea una mínima parte, del amor, cariño y luz que ellas me regalaron a mí. Porque fui a Honduras con la intención de dar, pero ellas terminaron dándome muchísimo más de lo que jamás podría haber imaginado.

Lucía Delgado, Voluntaria de VIDES en el Campo de Trabajo de Santa Rosa de Copán (Honduras)