El mes de septiembre, además del nuevo curso, nos trae de vuelta a los voluntarios y voluntarias que han participado en los Campos de Trabajo Internacionales que llevamos a cabo. Como en años anteriores les pedimos que nos hagan un escrito en el que nos cuenten sus vivencias sobre su experiencia para poder compartirlo con todos vosotros.

Así pues, inauguramos la sección «Diarios de un Campo de Trabajo» del año 2014, con el relato de una voluntaria que ha participado en el Campo de Trabajo de Namaacha (Mozambique):

En el trabajo conocí a una chica que me comento la posibilidad de hacer un voluntariado en un campo de trabajo en África; así comenzó todo; a partir de allí fui conociendo poco a poco el programa de voluntariado internacional y a la asociación VIDES.

La decisión de viajar la tomé cuando conocí un poco más la labor que VIDES hace en África y los campos de trabajo, fue una decisión fácil, ya que tenía muy clara la idea y el deseo de viajar y de poder aportar mi granito de arena.

Una vez acabado el curso de formación y con los billetes casi comprados empiezan los nervios previos al viaje, qué llevar,
cómo me recibirán, en qué podré ayudar. Todas estas preocupaciones desaparecen una vez que llegas allí. En el terreno todo es diferente y todo lo que pensabas o tenías planeado hacer va cambiando según las necesidades y oportunidades que aparecen en el destino.

Mi experiencia personal fue en el campo de trabajo de Namaacha (Mozambique), concretamente en la escolinha (escuela infantil).

El primer día nos enseñaron las instalaciones que la comunidad de acogida en destino (salesianas) tienen funcionando en Namaacha y las actividades que se realizan tanto en el hogar de acogida, como en el colegio (primaria y secundaria) y la escolinha.


dct2014_naam2El primer día de trabajo en la escolinha fue extraño, ya que yo no tengo ningún tipo de formación especifica para trabajar con niños/as, pero el miedo desaparece desde el primer momento en el que ves a los/as niños/as, como te reciben con la cara de alegría y poco a poco te sumerges en sus juegos, actividades y en su día a día.

En la escolinha de Namaacha hay una clase de 3 años, dos clases de 4 años y otras dos clases de 5 años. Yo tuve la oportunidad de trabajar en cada una de ellas ya que cada semana íbamos cambiando de clase.

Una de las cosas que más impactan es el número de alumnos por clase, entre 38 y 45 niños/as. El esfuerzo que requiere por parte de la titia (maestra) es muy grande, intentar controlar a tantos niños/as es muy complicado, pero ellas lo hacen bastante bien.

En la escolinha se intenta que los/as niños/as aprendan a relacionarse entre ellos. En la clase de 3 años básicamente juegan con los pocos juguetes que tienen, hacen educación física, educación musical y la mayoría de días duermen una pequeña siesta en clase. En las clases de 4 y 5 años se les intenta iniciar en la escritura enseñándoles las vocales y los números. También tiene educación musical, educación física y conocimiento del medio.

El horario de la escolinha era de lunes a viernes de 8 a 12 de la mañana. Los/as niños/as iban llegando y a las 8 empezábamos, todos en fila india, colocados según las clases, cantábamos y hablábamos para calentar el cuerpo y empezar bien el día.

Media hora después cada clase iba para su aula con la titia. Sobre las 10 comían el “lunch”, el almuerzo que cada uno traía de casa. Sobre las 10:30 todos los días era la hora de la papilla, una mezcla de harina, azúcar y agua que se repartía gratis a todos los/as niños/as. La papilla se les servía primero a los más pequeños y por último comían los de 5 años. Este momento del día era para mí un momento muy especial, ayudar a los/as niños/as a servir la papilla a comerla y a recoger era muy gratificante.

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Las voluntarias de la escolihna intentamos ayudar con las actividades diarias en las clases y también intentamos proporcionar ayuda y formación a las titias, a parte del material escolar que llevamos al campo de trabajo. También decoramos en la medida de lo posible las aulas de los/as niños/as, intentamos redistribuir de una manera más efectiva las mesas, en definitiva intentas ayudar en lo que puedas.

Después de comer teníamos actividades con las meninas (niñas) del hogar de acogida. A las 14:30 tenían la hora de estudio donde por lo general se hacían los deberes o se intentaba dar apoyo en las materias con más dificultades. Yo estuve apoyando las clases de lectura, donde tenían más dificultades.

Algunos días también tuvimos que ir al colegio a sustituir a los profesores que no podían asistir a clase, o a vigilar los exámenes ya que el profesor no podía vigilar todas las aulas.

Después de las 18:00, de lunes a viernes y los fines de semana teníamos tiempo libre para hacer actividades con las meninas. Jugábamos con ellas todos los días y hacíamos talleres con los materiales que habíamos llevado desde España. Hicimos talleres de pintura, dibujo, manualidades, jugamos con la plastilina, puzzles y otros juegos que nos enseñaban ellas.

Poco a poco te sumerges en una rutina muy agradable y parece que lleves allí gran parte de tu vida. Pero cuando todo eso ocurre es la hora de volver a casa, de dejarlo todo y volver a la rutina real del día a día.

Volviendo atrás, la experiencia ha sido extraordinaria, muy positiva y enriquecedora a todos los niveles. Espero poder repetirla algún día en el mismo campo de trabajo o en otro porque seguro la experiencia será diferente pero igual de positiva e inolvidable.

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